QUE EL FIN DEL MUNDO TE PILLE BAILANDO

domingo, 2 de marzo de 2014

3,2,1

Le dí a la tecla de contestar, y conseguí reunir aplomo y fuerzas para pronunciar un seguro "¿Sí?"
- Escúchame, por favor. No digas nada. Sé que sueno desesperado, y que lo último que quieres es oír mi voz, pero en todos estos años es la primera vez que encuentro el valor de decirte todo esto.
Pensé en colgar. Juro que lo pensé.
- Eres una de las personas más importantes de mi vida. Es probable que estas palabras te resulten banales y vacías de sentido, pero piensa en quién te las está diciendo. No regalo las palabras bonitas, aunque la persona que tenga en frente se las merezca, y tú eres la prueba viviente de ello.
Me dejó unos segundos para contestar, no lo hice, pero seguía sin reunir el valor necesario para colgar
- Veo que aún no me has colgado, espero que sea porque alguna parte de ti quiere seguirme escuchando. Bien, allá va… te quiero. Te quiero porque haces las cosas fáciles, y lo he hecho todos estos años. Aún así, tengo que decirte que hay días en los que te quise más, y días en los que te quise menos. El día que no podías parar de reírte por como se me quedaba el pelo al salir de la ducha, te habría secuestrado para llevarte conmigo al otro lado del mundo. El día que me dejaste tirado porque tenías cosas que hacer (una de esas pocas veces que fuiste tú quien me dejó tirado y no al revés, por cierto), te quise menos. Pero nunca he dejado de hacerlo, aunque sea una putada haber tardado tanto en darme cuenta. Hubo un día, un solo día en el que estuve a punto de decírtelo… no sé si te acordarás. Fue el día que casi me dan una paliza en plena Castellana, cuando vinieron esos 3 idiotas, nos amenazaron y yo, para variar, me puse chulo. No sé si lo recuerdas, pero me sentaste en un banco, me cogiste la cara entre las manos, me diste un beso y dijiste "estaba muerta de miedo". Y yo lo estaba también, pero no tenía nada que ver con esos tres imbéciles, sino con que me estaba enamorando de ti y se me estaba yendo de las manos. Así que te lo digo ahora. Si me contestas que es tarde, me quemará por dentro, pero lo entenderé. Y… supongo que te preguntarás que quiero obtener con esta llamada.
Creo que fue el único momento en el que sonreí, porque era exactamente lo que me estaba preguntando
- Quiero una oportunidad. Eso es lo que te pido, y te suplico que me concedas. Que me dejes enmendar todos mis errores. Ser el chico de la moto, de los jueves por la tarde, de los domingos de cervezas y el que te pueda coger del hombro por la calle. El que pueda decir tu nombre entero sin que suene raro, y no pare de hacerte reír. Que te sepas mis caras de memoria, adivines en cada restaurante lo que voy a pedir, y cogerte de las manos delante de la camarera para que se muera de celos. Sabes que yo no sé decirle esto a nadie, pero yo no soy si no estás conmigo. Por favor, di algo porque creo que estoy empezando a decir cosas sin sentido.
Me dí cuenta de que tenía que responder. Así que cogí aire, y con un hilo de voz, contesté
- Tienes razón, es tarde. Una vez intenté explicártelo, las personas nos cansamos de que no nos quieran.
Me alejé el móvil de la oreja, colgué y lo tiré al suelo. Fue la única vez que he llorado de alivio. 

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