QUE EL FIN DEL MUNDO TE PILLE BAILANDO

domingo, 1 de enero de 2012

Uno lo recuerdas, uno lo vives. 2012

Cerraba el portal deprisa y subía las escaleras, sin mirar atrás.
Corriendo. 

Porque es instintivo pensar que si te vas corriendo será más fácil no darte la vuelta. Porque te parece que cuanto más lejos estés, más pequeño y distante verás lo que dejas a tu espalda.
Pero las reglas de la perspectiva no son válidas en el amor. Puedes alejarte mil kilómetros, meses, años, pero sólo con volverte un segundo, con bajar un poco las defensas y dejarte vencer por el recuerdo, allí estará, guapo como siempre, con sus ojos pegados a los tuyos, con su mano intentando retenerte, con su boca que viaja sobre tu cuerpo, viaja, sí, porque el amor utiliza extraños medios de transporte.
Bastará ese instante para que al final comprendas que no te has alejado tanto, que no has recorrido mucho camino. Será suficiente para que te sientas frágil, para que vuelvas a sentir esa ansiedad.
Pero todo eso lo comprendí más tarde. En ese momento me bastaba con huir, subir la escalera deprisa y empezar a pensar en olvidarle.
Pero luego me lo encontraba en el corazón, en un gesto distraído que a él tanto le gustaba, en el pelo suelto para ser acariciado mejor, en la ropa de la primera cita, en los zapatos de la huida, en el pelo color carbón de un chico que paseaba por la calle.
Me lo encontraba debajo de mi casa, en la penumbra de la entrada.
Una rosa en una mano y un "perdona" en la boca.
Y muchas promesas... Muchas.
-Será todo distinto -decía. Aceptaba la rosa y le creía.
Subía la escalera con nuevas alas en los pies, con ganas de ponerme a caminar, de nuevo, a su lado.
Cogía la rosa y la ponía en un jarrón. ¡Cuánta agua le daba, cuánta energía...! Pero después de unos días se había marchitado y sabía a viejo.
Nuestro amor era un poco como ella.

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