QUE EL FIN DEL MUNDO TE PILLE BAILANDO

sábado, 6 de agosto de 2011

Verano en vaqueros.

Tal vez la felicidad no se encontraba en las grandes circunstancias arrolladoras, en tenerlo todo organizado en la vida. Tal vez estaba en hilar un montón de pequeños placeres: ver el concurso de Miss Universo en zapatillas, comer brownies con helado de vainilla, alcanzar el nivel siete en el ¨Dragon Master¨ y saber que quedaban otros veinte niveles más. 
Tal vez la felicidad simplemente era cuestión de pequeños instantes buenos: la señal de peatones que se pone verde en el momento en que llegas para cruzar; e instantes malos: la etiqueta que pica en el cuello, que soportaba una persona a lo largo del día. 
Tal vez todo el mundo tenía asignada la misma proporción de felicidad para un mismo día. Tal vez no importaba si eras un rompecorazones mundialmente famoso o un ser lamentable. Tal vez no importaba si tu amiga probablemente estaba muriéndose.
Tal vez lo superabas.
Tal vez era todo lo que se podía pedir.
 

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